Ojos de milagro
acuden al llamado de
las hojas de armuelle que emulan tu primera espalda.
Ternuras en espiga
se detienen sobre la
alfombra aclimatada de mis quereres,
ágiles en atmósferas
labiales.
Y te rezo hasta el
abismo
de lo que nunca has gozado:
la cúpula de mi insomnio en llamas.


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