A la orilla del pozo de los reflejos,
minusválida se yergue la esperanza.
Señero, anegado en tropeles de evocaciones.
Afrentas ligeras de dagas desdentadas,
cunden las sístoles biliosas de mis resquicios.
Presencias de un ciudadano austral
que consume aceleración conceptual acerca de la unicidad
plasmática del quicio artístico desfragmentado ociosa e irreverentemente
sobre lechos y configuraciones de genialidades tangibles.
Cuando y donde no importa el interlocutor visual, solo importa el fluir.
No hay comentarios:
Publicar un comentario