Tu rostro desovillado me instiga,
añublarme en la suave transparencia que espolea
mi codicia de pasión
poseído por las prisas de las llaves
imperdibles.
Me pueblan hallazgos a partir de tu
suspiro bordado en mis colchas y
duerme mi inconsciente ante la estatura
del murmullo,
el que transporta la curva matriz de tu
belleza.
Brota y confluye la certidumbre de
encendernos de bocas,
de maniobrar terciopelos y aromas de
espinillo,
de ambicionar tu esencia
hasta que me reclame la ribera de tejos, cipreses
y palmeras.


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