Duelen los kilómetros de pies y manos tendidas.
El tragaluz compra corbatas nuevas en el rastro de estufas,
es invierno de dientes, de óvalos y oboes.
Apergaminadas las dentelladas de perros
se friccionan en clemátides zafiro y franela.
Abrigo de umbral furiente.
Desciende el rincón del no comprendes,
encañona el donaire de mis costillas franqueadas por decirnos nada,
encauzan los anversos dermatológicos,
hacia la rigidez de tu estampa que camina titubeante y dividida.


No hay comentarios:
Publicar un comentario