Lejos,
y no.
Angustias al trasluz
y…
…en sordera defensiva
me tolera el sillón de lijas voraces.
Puedo oír el filo de
un rezongo enmohecido por la espera.
Puedo zarandear la
pirámide de las últimas nieblas
y no consigo que el
suplicio de amarte siga engendrando gemelos.
Hay retórica en los
calambres de cicatrices mal cosidas,
hay algarabía en la
amargura inmóvil de tu coraje.
En los intentos aparca
la perduración de mis esfuerzos
En asfixia deshabitada
se añejan tus anhelos de plenitud,
de huída.
Y no.


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