A cada vuelo de arpa
vibraba el ave mansa.
Relojes de habla inversa derraman arena
sobre el tejado,
allí donde muere el cielorraso del sótano
fertilizando un abanico de requisiciones.
A cada floración de corazón,
palpitaba el girasol.
Idiomas de relojería paralela absorben
museos que cuelgan,
aquí, donde nace la bodega del altillo
envenenando un borrón.

Sublime
ResponderEliminar