Devoro las fauces de
tu belleza con el tacto quedo del gigante de mis calles.
Tus labios regentan mi
invernáculo de horchata y almíbar.
Descomunal y obsequiosa
la contextura de tus virtudes y peros,
bauprés que apuntala
los estayes de mi proa orientada en anhelos.
En la grafía seráfica
de tus laderas propagadas de cariño
edifico copas de
ternura y devoción
para beber juntos
crisálida de ilusión
en cócteles de
eclosión
y desquicio celeste.
Y tus ojos…


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