En vilo los lazos de
arena que encorvan tus lluvias y paraísos,
cárceles de dicha
saqueadas por las agujas de mis quemaduras.
Furtivo elemento en
caldo de yemas lacustres que diversifica la tibieza
besando los pies de tu
mesurada alfalfa mesopotámica.
Me hundo de carne,
mitad lucero,
mitad de velocidades,
hasta el último nudo
de risas de hilo.


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