El atardecer aplazó su
caricia para enfriar mis faroles de papel.
Impide la detención de
lágrimas monosilábicas en la bahía del espasmo y
se aprisionan las
sonrisas en los labios de quienes y algos.
Lacto tapias de humo,
empujo al vacío la creatividad vulcanizada.
No hay piedad en la subsistencia
que inflama el hospicio vital de cada lapso.
El atardecer prorrogó
su afecto para calentar mi deseo indolente de placer saqueado.
Caracolas y escamas.
Rosa de los Vientos,
no clama…no calma.
Y se encarcela la fisura
de mi abstracción
acribillando el espejo
que roe ángelus
nubes de pavesa
excluidas de duplicación.
Dadme una cítara con
piel de ciprés para anclar mi noche de tilos y etilos.


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