Ingiriendo parvas de distancia,
bostezando polvareda de cactus secos
hacia los trópicos de mis siestas.
Escribo con tinta de hueso pulverizado,
desde el molino de un páncreas condenado.
El sueño de una fiebre helada por
alfileres de asfixia
se lubrica con la peluca de cenizas que
lauréola el umbral del recuerdo,
se serena en nicotina
y a nado se complegue gotas de alma.
Devastada.


Admiro tu devastada y pulverizada complacencia, genial
ResponderEliminarGracias por la reverencia, ludmila. Bienvenida a al séquito de zanahorias aéreas que no cesan de crecer y rotar.
EliminarПриветствие.